Educación, competitividad y Meta RD 2036: la transformación profunda que el país necesita
3/5/2026 / Acento
Radhamés Mejía
Una transformación profunda exige construir un sistema integrado de formación a lo largo de la vida, articulado con el Marco Nacional de Cualificaciones y con las demandas presentes y futuras del desarrollo nacional.
Las evaluaciones recientes, que dan cuenta del estado de la educación en el país, coinciden en afirmar que se ha avanzado en cobertura, inversión e infraestructura educativa, pero aún persisten desafíos profundos en lectura, matemáticas, ciencias, formación docente, gestión escolar, pertinencia curricular, educación secundaria, formación técnico-profesional, educación superior e investigación. Por eso, una transformación profunda no puede limitarse a ajustes administrativos. Debe tocar el núcleo pedagógico, institucional y cultural del sistema educativo.
En ese sentido, esa transformación debe tener como objetivo central que los estudiantes logren los aprendizajes fundamentales que servirán de base para los aprendizajes subsiguientes. La evidencia internacional disponible muestra que ningún país puede aspirar a una economía del conocimiento si sus niños no aprenden a leer comprensivamente, a razonar matemáticamente, a expresarse con claridad, a formular preguntas, a comprender fenómenos científicos y a desarrollar el pensamiento crítico.
El segundo eje debe ser la transformación de la educación secundaria. Se hace imperativo que la secundaria dominicana deje de ser un nivel débil, disperso y poco conectado con los proyectos de vida de los jóvenes. La secundaria debe convertirse en una etapa de consolidación de competencias, orientación vocacional, ciudadanía democrática, cultura digital, pensamiento científico y preparación para trayectorias diversas: educación superior, formación técnico-profesional, emprendimiento o inserción laboral digna.
El tercer eje es la educación técnico-profesional. Los países que han logrado desarrollar sistemas educativos fuertemente articulados con sus sistemas productivos han partido de esfuerzos sostenidos para actualizar sus títulos técnicos,expandir los talleres que sirvan de base a una formación pertinente a las necesidades del mercado, y priorizar la formación en centros de trabajo, lo que busca conectar la escuela con el empleo y alinear la educación con las necesidades productivas y tecnológicas del mercado laboral.
El cuarto eje debe ser la articulación efectiva del sistema educativo. Este sistema debe desarrollar la capacidad de operar de manera coherente para responder a las necesidades del país. La República Dominicana no puede seguir funcionando con subsistemas que dialogan poco entre sí: educación preuniversitaria, educación superior, formación técnico-profesional, capacitación laboral, certificación de competencias y educación continua. Una transformación profunda exige construir un sistema integrado de formación a lo largo de la vida, articulado con el Marco Nacional de Cualificaciones y con las demandas presentes y futuras del desarrollo nacional.
El quinto eje es la educación superior. En el nuevo sistema educativo que desarrollemos, las universidades deben ocupar un lugar central en la Meta RD 2036. No basta con formar profesionales. Deben producir conocimiento, fortalecer la investigación, vincularse con los sectores productivos, contribuir a la innovación, formar talento avanzado y apoyar la solución de problemas nacionales.
El sexto eje estratégico es la profesión docente. Hay cierto consenso entre los especialistas, que nos indican que no hay transformación educativa profunda sin docentes mejor formados, acompañados, evaluados, reconocidos y profesionalmente empoderados.
El séptimo eje es la equidad. Un país debe aspirar a desarrollar su competitividad con base en la equidad, no en la exclusión. Cada niño que no aprende, cada joven que abandona la escuela, cada estudiante pobre que recibe una educación de baja calidad, representan una pérdida humana, social y económica. La inclusión no es un adorno moral de la política educativa; es una condición para la productividad nacional. Un país que desperdicia talento no puede duplicar de forma sostenible su economía.
El octavo eje es la innovación y la inteligencia artificial. La OCDE sostiene, en este informe que hoy reseñamos y en otros, que la inteligencia artificial puede abrir una nueva ola de productividad, pero sus beneficios dependerán de las políticas públicas, de la infraestructura digital, de la capacidad de adopción tecnológica y, sobre todo, del nivel y la adaptabilidad de las capacidades humanas.